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Koh Rong, la joya tropical de Camboya

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Sin ser un destino lujoso, Koh Rong, se ha convertido en el gran destino del sudeste asiático

La lancha rápida se desplaza con fuertes brincos sobre el mar de color turquesa frente a la costa de Camboya. Quien está sentado en el exterior se moja. Aun así, todos están de buen humor: el destino es Koh Rong, una isla que refleja con bastante precisión la imagen ideal de un paraíso insular tropical. A bordo de la lancha hay mochileros y turistas que pasan mucho tiempo viajando por el mundo, aunque también hay una familia francesa que se parece a las que normalmente viven en una mansión en la Costa Azul.

En el atracadero en Koh Rong, un empleado del centro turístico saluda a los recién llegados para prepararles para su aventura en la isla. Quiere explicarles “lo que se debe saber sobre esta isla para que uno pueda orientarse”. Esto, sin embargo, no es de ninguna manera difícil. Todo el complejo se encuentra en la playa Tui Beach y está formado por sencillas cabañas de madera, situadas una al lado de otra. El turista solo necesita elegir una de ellas, preferiblemente con vistas al mar. ¿Y luego qué?

Una estancia en Koh Rong es un placer muy tranquilo. En la playa no hay fiestas de luna llena como las hay en muchas islas tailandesas, ni actividades ruidosas de tarifa fija o fiestas salvajes. Los turistas se toman un baño de sol y se meten al agua para refrescarse. Leen y recargan sus celulares mientras los generadores produzcan electricidad. Por la noche a lo mejor toman un par de bebidas, pero rápidamente el ambiente vuelve a la tranquilidad.

El paisaje de la isla le permite a cada turista estresado recuperar la calma rápidamente. El agua del mar está tan caliente como el agua de una bañera y la arena es totalmente blanca. En el interior de la isla se alzan cerros cubiertos de una espesa selva. Todo el día uno puede andar descalzo. Los restaurantes, instalados en bungalows, sirven platos sencillos. Seguramente, es la sencillez del ambiente la que determina el encanto de la isla.

Koh Rong todavía no ha sido contaminada por los excesos del turismo de lujo. Sin embargo, en el norte de la isla ya hay un complejo hotelero de cinco estrellas con una “villa sobre el agua” de 308 metros cuadrados. Podría ser solo el principio. Una sociedad de inversiones camboyana planea convertir Koh Rong en los próximos años en un destino premium, con un aeropuerto propio y un campo de golf.

En Tui Beach aún se ha logrado conservar cierto espíritu hippie. En los bungalows trabaja mucha gente que ha dicho adiós a la sociedad occidental. Algunos dan la impresión de haber consumido durante demasiado tiempo drogas de mala calidad. Otros le dan la sensación al huésped de perturbar de forma desagradable, con sus deseos, el descanso tropical del mediodía. Si el turista espera aquí un hotel todo incluido bien gestionado, está en el lugar equivocado.

Sin embargo, el idilio de una utopía insular armoniosa no se corresponde con la verdad, como lo demuestra la insistente advertencia que se le hace al turista, directamente a su llegada, de que no debe dejar objetos de valor en los bungalows. Muchos turistas de todas formas siempre llevan consigo sus smartphones. Con estos dispositivos se sientan por la noche en la veranda de madera, donde las pantallas iluminan sus caras mientras que en el cielo brillan las estrellas. Nadie es Robinson Crusoe, eso está claro.

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